sábado, 30 de diciembre de 2017

Buscando la representación física de la cultura


Por:  Nayely Germoso

La cultura, en el entendido de que es ese complejo conjunto que incluye el conocimiento, las creencias, las artes, la moral, las leyes, las costumbres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad» (Tylor 1976:19) conjugado con aquella concepción de  que la forma en que planificamos y usamos el espacio  dependerá de la manera en que  lo percibimos e interpretamos y  siempre sesgado por el sistema de experiencias únicas de cada individuo. Nos hace querer identificar algunos elementos de representación de la cultura en los conglomerados de población de nuestra república.


En consecuencia nos asaltan una serie de inquietudes,  ¿acaso las rejas que bordean nuestras viviendas, son una forma de representar la cultura de inseguridad, y la percepción de violencia que compartimos como colectivo? de la misma forma en que el “bocage” o el “openfield” son la representación física de las tradiciones de cultivo en las zonas rurales.


El estilo de viviendas, desde sus diseños hasta sus colores  ¿será la representación física de lo que a lo largo de diferentes períodos entendemos como de “moda” o “actual” o de ricos o pobres dependiendo de donde se localice y de la arquitectura que le corresponda?


¿Será que el transporte desorganizado, guaguas en mal estado, una representación de nuestra cultura organizacional decadente?

Nuestras aceras pequeñas y llenas de  baches,  inaccesibles para casi todos los grupos vulnerables, (ancianos, ciegos, personas con dificultades para caminar, bebes en coches, mujeres en tacones…) ¿no es más que la representación física de que, en el pensar inconsciente de la mayoría, aquellos grupos son parte de una sociedad que simplemente no tiene derechos?


 Y la creciente diseminación de centros de culto de los seguidores cristianos, serían la representación espacial del aumento de los cristianos no católicos en la sociedad.

Los colmadones, los  carritos de chimis, las bancas... evidencian nuestra tendencia al disfrute en ese contexto social e incluso la correlación entre estos elementos, más allá de la aceptación de todo el  colectivo sobre estos espacios. El hecho de que estos se abran en los barrios más espacios que los parques recreativos  es un claro indicador de las cosas a las que decidimos dar más importancia como sociedad, como estado…

Y por supuesto, la expansión y contracción de los comercios en navidad; los puestos de lechones a la puya, las estaciones de uvas y manzanas, los espacios que se convierten en lugares para que actividades propias de las estaciones festivas se convierten en una representación espacial de nuestras costumbres navideñas.

Siendo así la representación cultural está en todo, o al menos, en muchas cosas más allá de aquellos llamados espacios culturales como los parques, cines, librerías, etc. Es mucho más que eso, cada nueva impresión que vamos dejando en el espacio puede llegar a convertirse en la representación de como el colectivo piensa y luego recrea esos pensamientos.

Como servidores públicos y como cientistas sociales toca pensar, ¿qué patrones culturales estamos desarrollando como sociedad? ¿qué tan positivos son? ¿De qué forma se transforman los patrones que no son tan positivos?

Cómo ciudadanos toca pensar ¿cuáles patrones dejamos que nos influyan? ¿qué tanto control tienen sobre nosotros? ¿cómo se puede ser agente de cambio de alguno de ellos?

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