Mientras alimento a unos pequeños gatitos abandonados cerca
del basurero del edificio donde se encuentra mi hogar, lamentando no poder llevármelos
a vivir conmigo (porque ya he experimentado la locura de tener muchos gatos en
casa). Tengo esta vivencia
Un señor escarba entre la basura. Alguien del vecindario ha recogido un montón
de cosas viejas de su hogar y las ha desechado.
Para la mayoría pura basura. Él,
entusiasmado ha encontrado algunos libros, lee frente a mí algunos títulos “Historia
Dominicana...”, “Historia del Arte”, de cada libro lee algún párrafo. Los trata
con delicadeza. Se asombra al descubrir
que algunos tantos tienen mas de 100 años de haber sido editados. Se pregunta
en voz alta si de verdad tendrán algún valor.
Yo me quedo mirándolo con el mismo entusiasmo que miro a un gato
salvaje, extasiada por su gran muestra de cultura, porque él se siente confiado en mi presencia, y procuro actuar con precaución para no espantarlo. Así como si fuera un animal raro, aunque
de mi propia especie.
Viste con alguna ropa vieja y se le vé muy cómodo. Me atrevo
a preguntarle sobre su vida personal, y me cuenta que no tiene hogar, que duerme
en alguna marquesina que le permiten y pasa sus días recogiendo artículos de
todo tipo que el considera valioso para obtener algún dinero.
-Ves esto,
- me dice, sosteniendo en sus manos dos frascos de sal y
pimienta con motivo navideño
- están enteritos, pero ya nadie los quiere porque no estamos
en navidad. Eso se vende de una vez.
Explica que tiene al
menos 5 años como reciclador, recogiendo de todo lo que puede. Pintura,
adornos, libros… Habla de sus redes comerciales y que tiene contactos de diferentes
tipos, pero ninguno compra cables. Así que los cables que va encontrando en mi
basurero los mira como si buscara en su memoria a quien venderlos y los coloca sobre un muro, donde otros recicladores puedan verlo y llevárselo. -dice-
Luego me retiro y lo dejo en su labor, me llevo esa
sensación de las tantas personas sin hogar que viven en nuestras calles, o que
pasan sus días recogiendo entre desechos, artículos que consideran de valor para generar algún ingreso,
pienso en su exposición a insalubridad, en lo desamparados que están de cualquier cobertura de salud
Pienso en cómo esta ciudad, estos barrios en que vivimos,
cada calle… tiene demasiados escenarios. Uno para cada grupo de personas. Para estos recicladores, cada espacio de desechos
de basura para la la mayoría, es una mina de materia prima para sus negocios,
una fuente de recursos.
Y convivimos, uno al lado del otro, siendo personas,
desarrollando una percepción muy diferenciada del otro. Positiva, negativa o ambas cosas, casi siempre
distante de la real realidad. En la que solo somos personas conviviendo en el
mismo espacio con grandes brechas sociales que nos separan.
Y de la cual nos hacemos la vista gorda…