jueves, 24 de enero de 2019

175 añitos: Reflexion en la historia

Luego de 31 años de vida, después de haber pasado por la escuela y “aprendido historia”, coinciden conmigo los libros de Los Pilares del tiempo de Ken Follet  y la historia de Zarité (Teté) en el libro de la Isla Bajo El Mar de Isabel Allende para enseñarme que ciertamente hace 500 años coincidimos con el mundo europeo, pero nuestros antepasados duraron más de doscientos viviendo en una realidad de la cual era mejor , morirse, diluirse, desaparecer, donde las personas no se pertenecen, sacados de manera forzosa de sus tierras, de sus familias, de sus vidas, para pertenecer a otros seres humanos que no les consideraban mas que como un objeto de poco valor de su propiedad y además les reemplazaban al menor desperfecto, para dejarles morir a su suerte, rechazados por los pocos que les pudieran apoyar;  donde sus hijos, frecuentemente productos de violaciones tampoco les pertenecían y era preferible verlos morir antes de nacer que verlos vivir bajo los golpes de un látigo obligandoles a cortar caña; donde se ponia en duda si una persona de color eran tan humano como un blanco, si sentían o pensaban del mismo modo.


El dia de hoy, no sabemos de esos Loas que fueron los Dioses de nuestros ancestros, no conocemos de los espíritus que viven en el bosque y que adoraban los indígenas, y que todavía una parte de la población  adora, y que otros en este lado de la isla siguen a escondidas, no nos lo enseñan ni siquiera para tener la libertad de rechazarlos


Recién hace muy poco soy  verdaderamente consciente de que hace un poquito más de 200 años, esa era la realidad en esta isla que hoy tiene dos nombres, y que hace apenas 175 empezamos a pensarnos como país, y es un conocimiento que aprendimos mecánicamente en la escuela, y lo repetimos una y otra vez pero que de repente me cae como un balde de agua fría y me hace reflexionar sobre lo que implica.


Es muy poco el tiempo: mientras otros países del mundo creaban las bases para el desarrollo de sus territorios, mientras ingeniaban instrumentos y técnicas para mejorar sus cultivos, probaban diferentes plantas, y las especies más convenientes al clima y suelo; mientras aprendían a hacer molinos para hacer una mejor gestión del agua; o hacían mercados para intercambiar sus productos y se creaban ciudades comerciales que influian en el radio de aquellos pequeños poblados a su alrededor, y definian políticas de gestión para controlar el solapamiento entre mercados; mientras,  adaptaban las viviendas de sus ciudades al clima o a las necesidades de uso que cada siglo impone, o desarrollaban técnicas de construcción para fortalecer la seguridad de su ciudad de los asaltos y saqueos que conllevan las guerras; mientras aprendían a trabajar con el metal, pulir rocas, ambicionaban con hacer edificaciones que duren por la eternidad; y también como sociedad aprendían sensibilidad social como la atrocidad que representa quemar a una persona, o mutilar miembros del cuerpo por haber robado un pan.


Mientras pasaba el tiempo, cada etapa les enseñaba a mejorar en lo político, social, ambiental y económico.  en nuestra isla, solo se vivía con el anhelo de volverse pronto a francia, inglaterra o españa, cargados de la fortuna que se pudiera extraer  o volver a lugares que hoy nos suenan tan distantes como Senegal, Nueva guinea y todos aquellos lugares en África, de los cuales muchos de nuestros ancestros fueron arrancados forzosamente, a reencontrarse con sus familiares y volver a escuchar su idioma y abrazar sus hijos.  todos querían volver a casa. esta isla no representaba un hogar. era un infierno, por el calor y enfermedades del trópico o por las torturas perpetradas a los esclavos, o por el desazón que debería haber generado ser un desalmado colono esclavista.


Hace solo 175 añitos que empezamos a vernos como país, (es nada considerando que los abuelos de mi generación tienen casi 100 años, sus abuelos probablemente vivieron el inicio de nuestra historia como país, y los abuelos de esos abuelos fueron esclavos u opresores) y desde entonces toca luchar con una serie de fantasmas socioculturales, las mezclas raciales y sus estigmas, que aun nos persiguen mientras que aquellos que podían dejar algún legado de historia mas alla de esos 500 años, aquellos que si querían estar en la isla, los aborígenes, fueron sepultados u obligados a huir antes de que pudieran documentarse sus hazañas dignamente.


El dia de hoy tenemos que convivir entre la preindustria y el siglo 21, con todos los retos que eso representa : por un lado todo el aprendizaje que ha adquirido el mundo y por otro las pocas habilidades que hayamos podido desarrollar en estos menos de 200 años, sin ver hacia dentro, sin autoanalizar demasiado nuestros procesos, sin aprender de los errores, siendo tímidos emprendedores, nos enfrentamos a procesos de planificación que no necesariamente surgen de la práctica, sino de la imposición de las demandas globales, no nos es necesario desarrollar técnicas de adaptación porque partimos de la idea de que algún país en el mundo ya lo hizo,


hoy para mi, tiene más sentido que nunca aquello de que “aprender historia te ayuda a entender el presente y el futuro” tiene todo el sentido que a escondidas nadie quiera ser negro y ser asociado con aquella clase tan oprimida, es más ventajoso tratar de identificarse con el opresor, o incluso con aquellos de los que su cultura nos parece exótica, los hindúes.


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